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:::POR MI VECINO::: | relatos



:::POR MI VECINO:::
Una y otra vez a lo largo de todo el tiempo que ha pasado desde que me ocurrió la experiencia más espectacular, excitante, sexual y maravillosa del mundo, no he dejado de pensar en ella. Creo que algo así debe ser contado. Veréis…Cuando tenía 18 años (ahora tengo 23), mis padres decidieron que para estudiar la carrera que más me gustaba debía trasladarme a la ciudad más próxima a la mía, puesto que donde yo vivía esa carrera no gozaba de mucho prestigio. Tras muchas deliberaciones en mi casa, mis padres pensaron que era mucho mejor alquilarme un pequeño estudio para mi sola, ya que así me sería mucho más fácil concentrarme en mis estudios. A mi, lógicamente me pareció una idea sensacional, puesto que no sólo iba a poder independizarme, si no que también no compartiría piso con ninguna molesta compañera.
Vaya lectores, no os podéis imaginar la ilusión y la alegría con la que me instalé en ese maravilloso pisito situado en una de las más transitadas calles de esa gran ciudad. Jamás me hubiera imaginado que mi estancia en la capital iba a cambiar para siempre mi tranquila vida… Debo decir que en mi escalera no habían demasiados jóvenes, ya que el piso no estaba en la zona de las universidades (mis padres pensaron que así me mantendría alejada de “las tentaciones”).
Mis vecinos, eran por tanto personas de mediana edad y algún que otro matrimonio recién casado, a los que por cierto, aunque no se les veía el pelo, sí se les oía por las noches…Mis vecinos de al lado Juan y Maika, eran un matrimonio de unos cuarenta y cinco años con dos hijos y un perro grande y peludo que ladraba demasiado.
Su cuarto, pegaba contra el mío, y por las noches, asombrada, escuchaba día sí, día también susurros y gemidos. Algunas noches los gemidos eran tan fuertes que avergonzada me preguntaba cómo era posible que no se controlaran, ya que los dos hijos de la pareja seguro eran testigos de la euforia de sus padres.
Una noche, cuando llegué a casa los gritos de placer eran tan estremecedores, que no pude evitar masturbarme, al ritmo que ellos marcaban. Froté mi coño con tanta fuerza y tuve un orgasmo tan explosivo, que al día siguiente me escocía al caminar.
A partir de aquella noche, continué masturbándome en la soledad de mi estudio cada vez que les oía follar.
Si tengo que ser sincera, reconozco que a la vez que me masturbaba me imaginaba que Juan al que yo en mi mente había elevado a los altares como el amante más sensual y experto de la historia me introducía en el mundo del sexo. Lógicamente y a la par, dejé de mirar a mi vecino con los mismos ojos.
La situación era un poco caótica cuando nos encontrábamos en el ascensor, ya que yo no podía dejar de mirarle. Me quedaba fascinada con su culo, sus manos, su boca, y me obsesionaba con su polla. Sólo verle entrar en el portal hacía que mi coño comenzase a humedecerse, hasta tal punto que mojaba mis bragas, que mis pezones se pusieran duros como garbanzos y que mi respiración se entrecortara.
Pienso que Juan se dio cuenta desde el principio, pero que quiso asegurarse.
Un día, en el ascensor, decidió mirarme de la misma forma insultante en que yo le miraba a él. Inmediatamente pude ver que observaba con placer cómo se me endurecían los pezones (debo decir que tengo una 95 de pecho), y me soltó: -Apuesto Ana, a que tienes el coño chorreando.
Nunca me había puesto tan roja en mi vida. Me temblaron las piernas, y apenas pude decir que no entendía de qué me hablaba.

- Vamos, no te hagas la estrecha conmigo Ana. Sé que oyes como me follo a mi mujer cada noche, y sabes que yo escucho tus gemidos cuando te masturbas.
A estas alturas yo ya estaba más que roja.

- Mira niña, voy a ser claro. Podría aprovecharme de ti, parando ahora mismo el ascensor, y metiéndote un dedo en el coño, demostrándote así que quieres que te folle, pero no lo voy a hacer. Prefiero que me invites a tu casa.
Naturalmente yo ya me había puesto a cien con sólo imaginar un dedo de Juan dentro de mí, así que: -Juan, prefiero la segunda opción.- Dije medio atolondrada y completamente mareada.

-Me parece muy inteligente por tu parte niña. No te vas a arrepentir de la experiencia… Cuando llegamos a mi piso, llevé a Juan a mi habitación y… -¿Eres virgen? -Sí -Bien…, ¿no has tenido novio nunca? -Sí dos pero… -¿No te follaron? -No, no quise.

-Perfecto, me gustan las vírgenes… te lo vas a pasar muy pero que muy bien niña. ¿Sabes chuparla? -Sí, se la mamé a mi segundo novio -¿Y te gustó? -No demasiado.

-Bueno niña, pues esta noche también me la vas a chupar así que… verás que buena polla tengo. Ahora, ven niña, bájate las bragas. Confía en Juan mi cielo.
Y mientras decía eso comenzó a besarme en el cuello. Me tenía cogida por detrás. Con una mano empezó a sobar mis tetas (a estas alturas estábamos completamente desnudos), mientras que con la otra, me tocaba el coño, el cual por cierto estaba tan húmedo que hacía que su mano resbalase.

- ¿te gusta niña?- susurraba en mi oído mientras se empalmaba como un toro.

- Ahhh, hhuuuummmmm, sí Juan, me encanta- Y la verdad es que me encantaba, aunque no sabía si lo que me gustaba eran sus friegas o la dureza de su polla apretando mi culo.

- Vas a ver bonita, vas a ver lo que Juan te va a hacer. Ven, túmbate en la cama.

- Si Juan.- No podía decirle que no a nada.

- Abre las piernas bonitas, así, ven, niña, ábrelas para mi.
Y mientras Juan me acariciaba el pecho, noté como su lengua fría y áspera me recorría el coño con firmeza. Casi exploto del placer. Juan mamaba mis jugos con entusiasmo, y reía cuando escuchaba mis fuertes gemidos. Sabía que me estaba gustando. Pasaba su lengua una y otra vez por mi clítoris, con fuerza, con dureza, lo que hacía que yo me moviera sin parar pidiéndole más y más.

- Mira la vecinita, mira que puta me ha salido. ¿Te gusta que te coma el coño eh puta?Era inútil que esperara alguna respuesta por mi parte, ya que yo estaba tan histérica que no podía hablar. Cuando Juan notó que estaba a punto de correrme, me lamió el chocho una vez más, y dejó de chuparlo.
Ante mi cara de estupor… -Tranquila niña, lo que viene es mucho mejor…Y dicho esto, puso su polla entre mis piernas, y sin importarle que yo fuera virgen me embistió fuerte y me la metió de golpe.

- Mira que eres puta, mira que eres puta, que ni siquiera has gritado.- dijo jadeandoY la verdad es que no lo había hecho. Cuando noté esos veinte centímetros de polla dentro de mi, sentí que me moría… del placer - ¿Quieres que te folle más verdad? -Sí Juan por favor… - Toma, toma niña, toma polla. ¿No querías que te follara? Toma, siente lo que es tener a un hombre de mi edad follándote.- Y mientras decía esto me empalaba una y otra vez, tan fuerte que notaba como sus huevos rebotaban en mi culo, a la vez que me dolía el alma con sus embestidas.
Mis gemidos eran tan fuertes que me quedé sin voz, ante lo cual Juan dijo: -Si esto te ha gustado, niña, con lo puta que eres te va a encantar el resto. Ponte a cuatro patas puta.
Y lo hice. Juan estuvo jodiéndome así durante más de veinte minutos. Hizo que me corriera dos veces y cuando por fin sentí que él también se iba a correr, sacó la polla de mi coño, y me enculó. Confieso que esto sí que me hizo un poco de daño, pero no tanto cómo os podáis imaginar.
Sentirme enculada por Juan me hizo saber que a partir de entonces yo iba a ser su puta para siempre.

-Ahh, niña, ahhh niña, pero mira que eres puta. ¿te gusta? -Siiiiiiiiiii, Juan me gusta, dame por el culo, sigue, sigue…Y el siguió. ¿Pensáis que se corrió en mi culo?Pues no.

-Niña, chúpame la polla.

-Y yo se la chupé. Y me tragué su polla, y me tragué su semen cuando explotó, porque Juan me hizo su puta, y las putas hacen esas cosas.

Desde entonces Juan me folla y me encula todos los días. Sé que su mujer me oye gemir a través de la pared y sé que a lo largo de estos seis años nunca se ha imaginado que el macho que me hace gemir sea su marido. Lo que Juan no sabe, es que sus hijos han heredado el talento de su padre…



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