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EL ORIGEN DE LA PORNOGRAFIA
Tiene fecha de nacimiento la pornografía? Algunos piensan que es tan remota como la civilización misma. Otros sitúan el origen de la pornografía en el medioevo, con la aparición de los Sonetos Lujuriosos de Aretino. Hay quienes sostienen que aparece en la época del libertinaje europeo, cuyo descriptor y filósofo principal fue el Marqués de Sade. Creemos que es imposible determinar una fecha específica, pero podemos tentar una hipótesis que trate de explicar el nacimiento de este “ignominioso” género literario y artístico.
Para empezar, definir la pornografía es muy difícil y muchísimos autores han intentado, sin éxito, esbozar alguna que sea satisfactoria. Naiff Yehya asume una definición que él mismo reconoce que es cuestionable: “la representación o descripción explícita de los órganos y las prácticas sexuales enfocadas a estimular los deseos eróticos en el público.” No hay que olvidar que la pornografía, etimológicamente, significa tratado o estudio sobre la prostitución, acepción que es aceptada por la Real Academia Española. Hubo pornógrafos de este tipo como el francés Nicholas Edmé Restif de la Brétonne (1734-1806), más conocido como el “Rousseau de las cloacas” ya que editó un libro que proponía varias reformas para el ejercicio de la prostitución. Pero este sentido del término pornografía es el que no nos interesa en este artículo.
La pornografía causa incomodidad, por lo que es consumido en solitario o en cines de dudosa reputación. El ostracismo de la pornografía de la escena pública se debe en gran parte al cristianismo que condenó la práctica sexual libre, a diferencia de otras religiones. Recuérdese, por ejemplo, las orgías en los templos babilonios en la antigua Mesopotamia. Creemos que es justamente esta aversión del cristianismo al sexo origina la pornografía.
Como dijimos antes, algunos creen que la pornografía existe desde épocas inmemoriales por la representación del sexo que hicieron nuestros ancestros en su arte rupestre. Esta posición es muy cuestionable: la representación del sexo, hasta la Roma imperial (como lo demuestra los grabados hallados en casas familiares en la antigua Pompeya), no suscitaba los escándalos que hoy genera la pornografía. Creemos que la naturalidad de la representación explícita del sexo en la antigüedad se debe a que el acto sexual no estaba confinado al espacio privado: las orgías eran aprobadas con beneplácito, e incluso había fechas para ellas, las que se realizaban a vista y paciencia de todos. Es con el surgimiento del cristianismo que paulatinamente se confine al sexo a la vida privada. El calvinismo es la máxima expresión de esta tendencia. Cuando el sexo está enclaustrado en la intimidad, la representación del sexo, ya sea a través de palabras o imágenes, es condenable y execrable. Definir este momento es muy difícil por lo que hablar de fechas sería una imprudencia.
Transgredir el espacio privado genera placer y, muchas veces, culpa. La pornografía genera ambos sentimientos y por ello su consumo se ha mantenido como una práctica oculta. Sin embargo, la posmodernidad ha derribado las fronteras del espacio privado y público, por la que la aceptación de la pornografía se da a pasos agigantados. Los actores pornos que, como bien señalaba Ricardo Bedoya en un artículo en la década de los ochentas, permanecían en el anonimato, hoy son estrellas mediáticas, como lo demuestra la despampanante Jenna Jammeson. Y este hecho solo es la punta del iceberg (el cine de autor incluye escenas pornos, hay realitys sobre aspirantes a actrices pornos, etc.) de un probable nuevo acontecimiento: la legitimación social de la pornografía. ¿Esto significará su extinción? Solo el tiempo lo dirá.