¿Cómo?
Tú: Tumbada de espaldas, y con las
piernas estiradas hacia atrás.
Él: De rodillas, delante de ti, coloca
cada una de las piernas sobre los
hombros. Sujeta tus caderas y se
inclina hacia ti. Sujeta a él, te dejas
balancear por ese sensual
movimiento de mecedora.
¿Porque está tan bien? Esta postura
permite que tu vagina se abra más y
que la penetración sea más
profunda. Además, las manos
quedan libres para poder acariciaros
mientras os miráis a los ojos.
El momento adecuado para
probarlo: Cuando te sientas flexible
para aguantar en esa postura.
También es ideal para todas aquellas
personas a las que les guste besar en
la boca a su pareja en plena acción.
Está bien saber: Como tu vagina está
más abierta en esa postura, te
puedes divertir contrayendo el
músculo pubococígeno durante el
acto. Contrae y afloja cuando tu
pareja esté en pleno acto de
penetración.