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Capítulo 95: Efectos secundarios. - La Congregación De Las Som...



22.08.2011 22:14 EDT
Capítulo 95: Efectos secundarios.
Alejandro rió. Qué curiosa le parecía Lilith... por no decir loca. Tan vacilona, era el tipo de chica que le gustaba antes de conocer a Aurora. Se preguntaba si realmente trataría de distraer a don Bartolomé, y cómo lo haría. Aunque no le hacían mucha gracia sus bromitas ni lo ocurrido la tarde anterior, se alegraba de que le hubiera pedido disculpas. Si conseguía llevar en jaque a don Bartolomé y a la Congregación, sin duda era preferible tenerla de aliada a enemiga, aunque algo le decía que ella no jugaba del todo limpio con él. Seguramente, conociendo su reputación, llegaría un punto en el que discreparían por algo y las cosa se hiciera insostenible, pero esperaba que por entonces, cuando eso ocurriera, él ya estaría lo suficientemente preparado para afrontarlo.

Finalmente llegó a la sede. Don Bartolomé salió a recibirle con cara agria, y le entregó el amuleto.

-Aquí tiene...
-Bien... Mañana te quiero aquí a las cuatro.
-De acuerdo... Por cierto... quería pedirle disculpas si antes le ofendí. No era mi intención, nunca lo fue. Sigo opinando que tengo razón, que mi decisión es correcta, pero no debí ponerme de ese modo ni hablarle así.
-No, no debiste... Pero bueno, lo hecho, hecho está. Es normal, estos meses han sido una locura y apenas has tenido vacaciones. Me hago al cargo, pero procura que no se vuelva a repetir.
-Entendido, don Bartolomé.
-En cuanto terminemos este encargo, haremos cosas que no te supongan tanta presión: leer y discutir sin estar sujetos a plazos, aprenderás a ser un sombra, lectura de labios, interpretación de labios, psicología y estrategia... También algo de magia de otros tipos y a hacer amuletos animales, pero eso al final. Yo también estoy ya hasta los cojones de tanta magia. Ya verás, será más divertido y estimulante que todo esto.

Mientras volvía a casa, Alejandro pensó que estaba en racha. Unas horas antes estaba discutido con dos satanistas poderosos, de hecho los más poderosos que conocía, y en un momento, casi por arte de magia, estaba bien con los dos. "La verdad, me he librado de una buena, tengo mucha suerte", pensó. En ese momento se dio cuenta de que tanto cuando hablaba con Lilith como con don Bartolomé tenía el amuleto a menos de un metro. Se puso a reír. ¡Quién le habría medio año antes que esa mierda funcionaba!

Calculó la hora en la que había hecho el amuleto. En el momento en que su efecto terminara, debería darle una muestra a Miguel, así que probablemente le fastidiaría el cine. Si se acababa, tendría que volver a la mansión, coger un trozo, buscar una colonia o una excusa mejor, ir a casa de Miguel para dárselo... No obstante, se le ocurrió que si sus efectos eran mayores, quizá también su duración. Para ir bien, y no meter a Miguel en aquel embrollo, necesitaba que durara un par de días.

Se preguntó cuanto tiempo podría seguir con tanta doble vida. Le ocultaba a don Bartolomé que hablaba con Lilith, y a Aurora, que hablaba con ambos. Y pese a ello, aparte de Miguel, ella era la única persona que le importaba. Se daba prisa por volver a casa y estar con ella. Ya no solamente para que no sospechara, sino porque realmente disfrutaba de su compañía y de cada vez que la tocaba, algo que su antiguo yo jamás hubiera imaginado.

Cómo tenían un rato antes de ir al cine, Aurora le enseñó sus dibujos. La verdad era que dibujaba bastante bien. Paisajes, plantas, dragones, unicornios, lunas crecientes... Uno que le gustó mucho fue un ángel de pelo largo con seis alas negras y un escudo, arrodillado mientras cogía una espada.

Disfrutó bastante de la película, que al final no le fue interrumpida. Más le valía hacerlo, sabiendo que desde ese momento tendría que pasar las tardes en la sede. Mientras, don Bartolomé estaba impresionado con el amuleto. Era capaz de dar en el centro de la diana desde una veintena de metros. Como no le quedaba espacio, fue al salón de debates, y comprobó que siempre que tuviera la suficiente fuerza para llegar, siempre daba justo en el centro. Debía encontrar una prueba más difícil para evaluar el amuleto.


Por la mañana siguiente, mientras Aurora se tomaba en la máquina del aparcamiento de la empresa su segundo café del día, don Bartolomé les abordó.

-Buenos días a los dos. Alejandro, tengo que pedirte un favor.
-Usted dirá.
-Necesitaré que hagas horas extras. Esto es un poco humillante, pero no consigo adaptarme del todo al nuevo sistema. No me da para corregir y revisarlo todo yo solo. Tú sabes hacerlo mejor que nadie, y no me fío de nadie más. Necesito tu ayuda un par de tardes, empezando por hoy. Sólo será hasta que me adapte a todo esto, que también necesitaré que me aclares.
-Las tardes me las cediste a mi.
-Ya, pero le necesito.
-Bueno, está bien... ¿Le pagarás, no?
-¿¿Cómo??
-Te costaría más contratar un ayudante que te hiciera el trabajo y fuera discreto. Además, esta tarde Alejandro está ocupado, tiene que ir a un club suyo, y...
-Déjalo, nena, da igual. Tu tío me ha dado este trabajo, y se lo debo. Sin cobrar, claro. Es de la familia, si podemos hacerle un favor...
-Pelota... Está bien, pero no le explotes mucho.


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