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La chica que quiso ser puta - maduro.y.apasionado.relatos.xxx



La chica que quiso ser puta
Autora: zorrita caliente, costarricense
23 min. Normalmente siempre os ubico en unas fechas concretas pero ahora mismo no recuerdo exactamente cuando ocurrió, aunque esforzándome me veo entre 21 ó 24 años, así que lo dejaremos así por el momento.

Si recuerdo que esa noche fue muy movida, lo pasé muy bien con mis amigas en la zona de pubs del puerto de la ciudad, incluso recuerdo que me enrollé con un chico que me invitó a tomar, pero no pasó a mayores, así que mi aventura no va encaminada por ahí.

Todo comenzó cuando ya era bien entrada la madrugada, alrededor de las 5:00 cuando ya nos retirábamos de camino al auto, me encontré con unos compañeros de la escuela de danza. Me entretuve bastante tiempo conversando con ellos y eso provocó que perdiera de vista al grupo de amigas con el que iba.

Iba algo tomada y perdí un poquito el rumbo, me perdí varias veces hasta encontrar el lugar donde recordaba que mi amiga había aparcado el auto pero cuando llegué ya no estaban, se habían ido sin mí, aunque con lo que me entretuve hablando no se lo tomé en cuenta, pues como me enteré dos días después, estuvieron como media esperándome a que apareciera.



Mi casa quedaba bastante lejos de donde me encontraba, así que respiré hondo, tomé aire y me dispuse a tomar camino yo solita hasta mi casa. Tomé una de las calles principales de la ciudad y seguí todo recto caminando, la verdad que estaba agotada pero me lo había gastado todo y no tenía dinero para tomar un taxi.

Como iba con un vestido azul bien ceñido y algo cortito la verdad, de esos con el cuello largo caído hasta la mitad de los pechos, provocaba algunos piropos malsonantes entre los chicos que volvían a casa en sus autos a esas horas. Claro está, no les hacía caso, me limitaba a mirarles y quitando vista les ignoraba, aunque para mis adentros no me hubiera importado tirarme de cabeza en alguno de ellos con tal de no seguir andando hasta mi casa, pues aun me quedaba un buen trecho y ya me dolían los pies.

Aun estaba a mitad de camino cuando decidí tomar un atajo, aunque sabía que no era muy recomendable tomar ese camino sola porque es zona de prostitutas y transexuales frecuentada por grupos de borrachos y gente de dudosa reputación, aunque cuando asoma la madrugada ya queda despejada la calle y vuelve a convertirse en otra calle cualquiera de la ciudad, así que como ya eran sobre las 6:00 pasadas cuando me animé a cruzar por ahí porque la verdad que ahorraría como unos 20 minutos de andadura y en el estado en el que iba eso era de agradecer.

Tomé una de las esquinas de la calle principal y giré en dirección a esa carretera. De camino me descalcé de los zapatos azules de tacón largo que llevaba a juego porque el camino se iba haciendo algo empedrado, pues esa zona estaba en construcción. Me alivió que el primer vistazo que tomé de una de las callecitas estaba despejada, no se veía nadie en ninguna de las esquinas, y la carretera apenas pasaban coches “extraños”, aceleré un poco el paso para poder atravesar cuanto antes esa zona, aunque aun me quedaban unas 4 calles por atravesar.

Mientras recorría la zona, pensaba en lo difícil que tiene que ser ejercer el empleo más antiguo del mundo. Estar a merced de cualquiera que pase, siempre alerta de posibles agresiones, siempre pendiente de que el chulo esté contento con lo que ganes esa noche, de lo que pueda pensar tu familia, etc. Por otra parte había oído que las prostitutas ganaban buen dinero, las que ejercían en pisos o en puticlubs de lujo tenían todo tipo de caprichos y la mayoría pasaban desapercibidas si no las conocías y a veces algunas de ellas ejercían en la calle sin necesidad de intermediarios para ganarse un extra.

Aquellos pensamientos me pusieron algo cachonda, pensar en ponerme en la piel de esas chicas, andando por esa zona, ganarme un buen dinerito y de paso llevarme a casa un buen polvo, de todas maneras nadie se enteraría… Todos esos pensamientos en realidad eran pura fantasía en mi cabeza, en el fondo mi orgullo de mujer me decía que era una locura, que una no sabía que tipo de personas podían ser o qué tipo de enfermedad se podría coger una haciendo esas cosas.

Aunque por otra parte no tenía porqué tener sexo si no quería, aunque siempre podía exigir hacerlo con condón como hacen las profesionales, también podía hacer solamente sexo oral, tenía entendido por habladurías de los chicos cuando fanfarronean contando historias de “otros amigos que lo hicieron”, que las prostitutas cobraban 20 ó 25 euros por chupar una polla, pero yo era una mujer hecha y derecha y mi caché sería mucho más alto…

Mientras tenía una lucha interna de honor y amor propio, no me había dado cuenta que había bajado la velocidad de mis andares, y que solamente había atravesado dos de las cuatro calles que aun me quedaban por recorrer, aunque ya una vez pasadas, solamente sería subir dos calles más y ya estaría en casa. Volví a levantar la vista al frente para cerciorarme que no hubiera nadie y así fue, parecía ser que por las horas que eran ya las prostitutas habían puesto la directa a sus casas, así que me disponía a seguir de nuevo con mis pensamientos cuando escuché el ruido de un motor de coche acercarse despacio por detrás mio…

-EEeehhh, guapa… ¿que tal?... –dijo el copiloto del auto.



-Preciosa ¿Qué eres la única que queda por estos rincones? ¿y tus otras amigas?...

Yo seguía a lo mío, con la vista al frente, ignorando sus comentarios y preguntas. A decir verdad me puse nerviosa, eso era lo que precisamente me estaba preguntando minutos antes en mi lucha interna, el tipo de gente que se acercaba a estos lugares reclamando sexo por dinero.

-EEhh putita, te hablamos a ti, guapa… Dinos… ¿Cuánto cobras por follarnos a los cinco? –dijo el piloto mientras avanzaba el auto al mismo ritmo que mis andares.



-Lo siento chicos, pero yo no soy ninguna prostituta… os habéis equivocado. –les dije yo sin ni si quiera mirarles.

-¿Qué no eres puta?, pues por la pinta que llevas lo pareces, guapa… -dijo uno de los chicos que iba atrás.



-Eso digo yo… además una chica sola por estas calles, con un modelito así, toda bien maquillada, el bolsito pequeño de puta… pues yo creo que sí que lo eres… venga no te hagas de rogar, zorra, que por dinero no va a ser…

Algo en mi interior hizo que ese comentario captara mi atención por momentos, lo cual me hizo voltear la mirada hacia el interior del auto y observar que efectivamente eran cinco los chicos que iban en el interior, se veían más o menos de mi edad, menos el conductor que se veía algo más mayor que los otros cuatro. Todos iban vestidos muy formales y el copiloto iba vestido de traje y pajarita, aunque ésta ya la llevaba suelta del cuello y la camisa algo abierta, supuse que vendrían de alguna despedida de soltero o alguna boda o algun evento formal…

-¿Que te has cansado de comer pollas esta noche y no quieres atendernos a nosotros? Venga zorrita no seas estrecha, venga… porfavor….



-Tienes aquí cinco pollas bien calientes para ti solita, ¿que no te gustaría satisfacerlas zorra? –dijo otro de ellos aumentando el nivel de sus groserías.



-Dejarme en paz coño…!!!! sólo vengo de pasarlo bien y me ha tocado irme a casa andando, iros a buscar putas a otro lugar que aquí ya no vais a encontrar nada. –les dije con tono malhumorado debido a los pequeños nervios del momento.

La verdad debo decir que sentí bastante morbosa la situación de que esos chicos me confundieran con una prostituta, supongo que mi piel morena les hizo pensar que sería una de esas putas africanas, aunque soy latina (ver relatos anteriores ;-D) y que mi estilizado cuerpo en ese modelito azul les ponía cachondos, todo eso mezclado con la frase “que por dinero no será”, me hizo recapacitar la situación por momentos.

- Wow, wow, Joder… para el carro puta… tampoco nos saques las uñas ahora que sólo somos unos meros clientes con ganas de un poco de diversión. –dijo el copiloto.



-Ya os he dicho que os vayáis por donde habéis venido, joder… que no hay nada que pescar por aquí, así que… ¡¡¡arreando!!! – les dije con una sonrisa borde, envalentonada y aun morbosa por la situación, pero los chicos estaban juguetones y no desistían en su empeño, supongo que al ser la única chica en “la calle de las putas” buscaban su propósito costara lo que costara.



-Sabes lo que yo creo… -dijo el copiloto.



-Me importa una mierda lo que tu creas –le contesté yo metida en el papel de chica borde.



-Creo que eres la única puta que se quedó hasta tarde y como viste que ya no había más pollas por mamar, te has quitado los zapatos y cerraste el “kiosco”. ¿ me equivoco? –dijo éste en su empeño mientras los demás se reían de escuchar las cosas que me decía y añadió.

-Lo que no sé es porque te comportas así ahora que cinco jovencitos bien apuestos y adinerados te quieren hacer un favor, además sería el último favor del dia y sería un buen motivo para decirle a tu chulo que llegaste con la faena bien hecha. –concluyó éste en un último intento por convencerme.

Entonces me paré en seco, dejé de caminar, estaba a mitad de la última calle para girar a dos más de mi casa pero me dí por vencida y decidí zanjar aquel asunto de la mejor manera que podía. Mientras aquellos chicos me hablaban, pensaba en los recibos del móvil, de las clases de danza que podía pagar por adelantado y de aquel vestido tan precioso que vi hace una semana, así me picó la curiosidad de saber cuánto pagarían por “mis servicios”.

-Pero que pesados que sois los tios cuando estáis cachondos… sois capaces de cualquier cosa con tal de que os la meneen un poco.–les dije sosegando mi mala leche y mostrándoles una pequeña sonrisa picarona.

-Por fin te decidiste preciosa… venga no perdamos el tiempo, ¿cuál es tu tarifa? –dijo el que iba de copiloto.

-Pues esto es lo que hay si no queréis que llame a la policía por acosadores. 100 por cada polla que mame ¿lo tomáis o lo dejáis?... -les dije yo metiéndome de lleno en el papel de prostituta y fingiendo ser mi trabajo real.

Los cinco se miraron y cuchichearon entre ellos. El copiloto que parecía ser el portavoz me dijo.

-¿Y por follar cuanto?

-Por follar… -dudé por momentos que caché ponerme- 200 cada uno. –les dije bien segura de mi última decisión, aunque por dentro estaba temblando de nervios.



-Joder, que ramera más cara ¿no te parece?... no eres ...


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