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:::COMO ME HICE MUJER DE VERDAD::: - relatos



:::COMO ME HICE MUJER DE VERDAD:::
Me llamo Any, tengo 18 años y estoy iniciando estudios de diseño gráfico. Soy una chica simple... algo más desarrollada mentalmente para la edad que tengo lo que me causa serios problemas de integración con los chicos de mi edad... me parecen todos unos babosos y súper péndex.

Desde que tenía seis años practico patín artístico y natación en competición. Llegué, sobre todo con el primero, a competir en varios campeonatos internacionales y he dejado la competición pero sigo practicándolos porque son mi pasión.

Siempre tuve una muy buena inserción en los grupos donde me tocó integrarme porque mis padres me dieron una libertad basada en mi capacidad de autoprotección. Pero esto, en un aspecto, no me hizo muy bien... porque quedé descolgada en mis tiempos de mujer.

Ahora... me siento una mujer... (mis problemas de adaptación con los péndex de mi edad son terribles)... y por otro lado sé que soy una adolescente que ha empezado la tarea de iniciarse en el sexo con bastante retraso.

Pertenezco a una familia de clase "medio media" (o partida por el medio) mi padre, periodista, con su nueva mujer que me lleva nueve años y mi mamá, escritora, con su joven amigo que cuando le paso cerca siento cómo se me desatan solas las tiras de la tanga o se me paran los pelos de mi nuca de cómo me mira... a pesar de que estoy acostumbrada a que me miren... por tantos años de competir, bastante ligera de ropas.

Tengo un cuerpo armonioso con mis 1,75 m de estatura modelado con los años de gimnasio. Muy linda cola, paradita y fuerte. Tengo, para mi gusto, demasiados "pectorales" (94) pero a los chicos esto los pone loquísimos... jijijiji He llegado al punto de no salir con los chicos de mi edad, por no soportar a los babosos.

Mis inicios en las primeras erupciones volcánicas de mi sexo estaban limitadas a mis propias caricias y las fantasías que fueron siempre el plato fuerte de mi vida sexual adolescente.

Mi primer "antes y después" me ocurrió cuando tenía 15 años. Un ida, después de un ensayo para una competencia mundial quedamos solos y jugando inocentemente con Antonio, mi pareja de aquel momento en un cuadro de patín danza (Antonio es, hoy, un declarado homosexual). Allí tuve mi primer orgasmo. Después del ensayo, quedamos últimos en el vestuario del club. De puro calentona me fui, desnuda, a espiar a Antonio que se estaba duchando. Su cuerpo desnudo, su sexo espléndido, su atlética figura me hicieron un efecto tal que mientras lo espiaba y me acariciaba, me descuidé. Antonio se me apareció de golpe, sorprendiéndome. Aturdida y sin saber que hacer, ni decir, solo se me ocurrió pedirle, así desnuda como estaba yo y él también, que quería hacer una practica "loca". Sólo por fantasear (y porque secretamente me erotiza el cuerpo masculino desnudo) nos pusimos a hacer una practica del cuadro que preparábamos, totalmente desnudos.

A medida que bailábamos cada vez que tocaba mi cuerpo desnudo con sus manos, en mis entrañas se producía una tormenta eléctrica. Llegué a un estado de lujuria tal que, en un momento dado, cuando íbamos rodando a media velocidad, yo me senté en su rodilla derecha, mi sexo apoyó fuertemente sobre su pantorrilla vigorosa y vibrante por el rodar de los patines y mi excitación contenida explotó como un volcán. A partir de allí mis orgasmos son como una droga para mí.

Mi confianza con Betina, mi compañera de competición y amiga familiar desde nuestra infancia; y la autoprotección mutua que nos brindábamos nos llevo a dos cosas. 1º) A examinar tanto y tan meticulosamente las condiciones de cada parejita de novios que formábamos que nunca llegamos a acostarnos con ningún chico (aunque he llegado en una noche de apriete y música lenta a tener más de tres orgasmos con solamente orientar a mi novio a las zonas terribles de mi cuerpo: mis pezones, mi nuca y mis tobillos) y 2º) A tener sesiones de caricias y orgasmos, desnudas, con Betina, en los hoteles donde paramos cuando estamos compitiendo en el extranjero. La excusa era que estar distendidas nos permite una mejor concentración en las rutinas. Mentiritas, jijijiji.

Hace un par de meses chateando en elsitio.com conocí un veterano... bien veterano, tiene 54 años. Como estoy acostumbrada al trato con tipos grandes (los dirigentes que nos acompañan en los mundiales son peligrosísimos), lo manejé... (lo manejamos, mejor dicho, porque las primeras veces estaba Betina conmigo en la PC)... con cancha y tratando de hacer calentar a un veterano que, me pareció, se creía muy pícaro. Afortunadamente, resultó ser mucho más pícaro de lo que yo creía.

Un día lo fui a ver a un workshop de turismo en el Sheraton de Buenos Aires. El Pocoseso (ese es uno de sus nicks en el chat) estaba con cuatro chicas de mi edad que trabajan con él. El ambiente y la situación me condicionó terriblemente y me recalenté con este veterano. Me daba muy poca bola (a pesar que me fui vestida para infartarlo) y las odiosas que trabajaban con el ese día me miraban con cara de culo y cada cosa que le decían, parecía que lo mimaban.

Fuimos a cenar los seis a un lugar muy bacán de Puerto Madero (mama estaba en Montevideo con su pareja) y después nos fuimos todos al Hotel Panamericano donde paraban (son todos de una ciudad del interior). Luego nos reunimos todos en su habitación. Pidió whisky para él y champagne para las chicas (yo también, obvio). Después de un par de horas (no estoy acostumbrada al alcohol) y tres botellas entre las cinco... estábamos todas muy alegres. Mandó a las otras a dormir a sus habitaciones: Yo temblaba (Betina dice que de la calentura, pero no, eran nervios. La perdida de mi virginidad siempre me preocupó mucho). Se dio una ducha y se puso la bata del hotel.

Nunca... lo juro, NUNCA creí que alguien podría hacerme llegar tantas veces al orgasmo en unas horas... sin siquiera penetrarme. A pesar de tener una erección descomunal que me aterraba (quizás por eso no lo intentó siquiera) manejó mis zonas erógenas con una habilidad increíble... Perdí totalmente el control pero creo haber llegado al orgasmo, algunos de ellos realmente colosales, más de una docena de veces. Yo debía volver a casa antes del amanecer por el llamado telefónico de mi madre por la mañana... nos duchamos juntos (mi ultimo e interminable orgasmo) y me llevo en un remise hasta mi casa.

Posteriormente almorzamos y cenamos juntos muchas veces porque él viaja muy seguido a Buenos Aires. Pero siempre me trató con una habilidad asombrosa para hacerme perder los miedos hasta llegar a ese estado de calentura permanente que te hace, a partir de un momento determinado, estar dispuesta todo, pase lo que pase. A sabiendas de que me erotizan las descripciones minuciosas de actos sexuales, (en eso el Pocoseso es un capo, antes de conocerlo personalmente llegué al orgasmo más de una vez frente a mi PC) cuando cenábamos me contaba y describía cosas que me hacían llegar al orgasmo, muchas veces en el mismo restaurante, sin siquiera tocarme.

Hace un mes me llamó por teléfono para invitarme a un fiesta particular en su ciudad y me mandó los pasajes para que viajara con mamá o con una amiga. Lógicamente fui con Betina. Llegamos al aeropuerto y nos esperaba una de sus colaboradoras que nos llevó a un espectacular hotel. Él vino al mediodía, almorzamos y nos dio instrucciones y datos para que conociéramos la ciudad y sus lugares más atractivos.

Nos pasó a buscar a las 22 y fuimos a una fiesta de primera categoría. Alrededor de dieciséis parejas, más o menos, matrimonios en su mayoría. Gerentes de bancos, dueños de empresas importantes, algunos artistas, periodistas, etc.

Nosotras dos estábamos para el infarto (Fatiga como le dicen sus amigos íntimos- me había recomendado el nivel de las pilchas, al invitarme por teléfono). Betina con una microminifalda y microsoutiens todo bordado brillante y sandalias trenzadas muy altas... ¡¡¡ casi en cueros, va !!!... Yo con un vestido híper corto de gasa color piel, trasparente, tomado solamente del cuello, con hombros y espalda totalmente al aire. Debajo, sólo una minitanga negra, sin cola y sandalias súper altas. ¡¡¡En cueros total, digamos!!! Jijijiji

El resto de las mujeres, debo reconocerlo, tenían pocas cosas encima, pero ninguna por debajo de los 500 dólares, ¡¡¡un paquete!!!, en resumen.

Yo, como siempre, sufriendo mis problemas clásicos; mis tetas que se escapaban por los costados de un vestido de gasa muy liviana y mis pezones que con el roce de la gasa, parecían una galletita de chocolate con una aceituna negra en el medio.

El ambiente, genial. Las mujeres, muy piolas, sueltas, sin custodiar a sus maridos. Supusimos con Betina que Fatiga se debe haber comido a varias de ellas; por la forma dulce que lo tratan, por lo interesadas que estaban en saber quién de las dos (o si las dos, alguna preguntó) era la nueva adquisición de Fatiga. Además, por el trato cordial y franco que nos daban a nosotras dos.

Los tipos ¡¡¡de locura!!!., empresarios, serios, pero con esa habilidad para hacerte saber que si asentís con los ojos, sos boleta en un segundo, jijijiji.

A mí me tuvo contra las cuerdas el ingeniero, capo máximo de una empresa constructora italiana. Un tano mayor, medio peladito, al puro estilo italiano del norte. Me hizo sentir una Diosa. Fatiga miraba desde lejos, sonreía y me hacia señas que si no lo atendía... se la iba a encarar a Betina... ¡¡¡el muy maldito!!!.

Demás esta decir que mi monte de Venus palpitaba a 180 pulsares por segundo. Fuimos cinco veces a toilette con Betina, el bidet me refrescaba la temperatura en mi sexo. Adentro de la casa estaba fresco, por el aire acondicionado, pero en los jardines (era una casa quinta en zona residencial) hacía un calor de locos.

A las 3 y media de la mañana se fueron casi todos y quedamos el matrimonio dueño de casa (56-48), otro matrimonio más joven (40-35) muy amigos de los dueños de casa; Fatiga (54) y las dos nenitas... Betina y yo (18-18).

Propusieron darnos una zambullida en la piscina. Ahí fue donde se empezó a complicar todo para mí. Estaba tensa como cuerda de violín y súper caliente, lo que siguió, directamente ¡¡¡me mató!!!.

Los varones en slip, las mujeres en soutien y tanga. Betina y yo nada por arriba porque no teníamos. Empezamos a jugar, mujeres contra varones (4 contra 3) una especie de waterpolo. Ocurrió que cuando alguien agarraba la pelota, se transformaba en rugby.

Como yo era una de las más altas, siempre la agarraba. Además, al saltar la microtanga, encajada que estaba en mi cola, ni se movía. A las otras, cuando saltaban, se les bajaba la trusa hasta las rodillas, con los aplausos del caso.

Cada vez que yo agarraba la pelota y veía cómo se me venían los varones, comenzaba mi delirio, me tocaban para sacarme la pelota y me corrían 30 mil voltios por todo el cuerpo.

Salimos de la pileta y se me empezó a complicar aún más el panorama. Aparecieron los toallones, nos secamos y con la mayor naturalidad todos se sacaron la ropa mojada y se sentaron en los sillones del jardín ¡¡¡EN CUEROS !!! mamita querida. ¡¡¡qué momento!!!.

Marcos, el veterano dueño de casa, tenía un pene espectacular. Yo no podía, o no quería, sacarle los ojos de encima. La mujer, Liliana, una veterana con cuerpo de vedette, muy bien conservada, hablaba de las aventuras de su juventud y como era de esperar, comenzaron todos a hablar de sexo.

Yo miraba a Betina y me daba cuanta que temblaba, igual que yo, del estado de excitación ...


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