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:::MI HIJA Y SU PADRE::: - relatos



:::MI HIJA Y SU PADRE:::
Durante la semana siguiente al sábado y domingo, que estuve con Paloma y Daniel, mis hijos, en un hotel de Benidorm, donde ellos hicieron el amor por primera vez y fuimos tan felices los tres, mi hija no paraba de llamarme todos los dias, incluso venía a casa, a recordarme que hablara con su padre seriamente, porque ella estaba muy deseosa de hacer el amor con su padre. La verdad es que me ponía en un compromiso, porque su padre estaba muy reacio a hacerlo con ella. No podia vencer sus tabúes. No se imaginaba haciendo el amor con su hijita. El la veía como su niñita, aunque ya Paloma habia cumplido los 18 años. El caso es que una de esas noches, mientras hacia el amor con mi marido le volví a insistir sobre el tema y, por fín, él accedió, con la condición de que yo debería estar con él, para ayudarle y que no fuera en nuestra casa.

A la mañana siguiente llamé a mi hija y se lo dije. Ella se puso contentísima y, entre las dos, trazamos el plan. Nos iríamos los tres de viaje, el siguiente fin de semana a Marbella. Ese mismo dia, miércoles, me fui a una Agencia de viajes y solucioné las reservas de avión y hotel.

El viernes por la mañana, partimos desde Valencia y, a media tarde, ya estábamos en un hotel en Marbella, junto a Puerto Banús. Disponíamos de dos habitaciones, comunicadas entre sí por una puerta. Yo había previsto las dos habitaciones, para que mi marido no se sintiera incómodo, sobre todo, al principio. Nos duchamos y cambiamos de ropa y nos fuimos pronto a pasear por Puerto Banús. Dejamos a mi marido sentado en la terraza de un bar y nosotras nos fuimos a recorrer las muchas boutiques de lujo que hay por allí. Cuando volvimos, más de dos horas despues, ya no estaba allí mi marido. Lo localizamos por el móvil y nos indicó que estaba en un restaurante cercano y nos indicó cómo llegar a él. Cuando nos vió aparecer con tantos paquetes, de las compras que habiamos hecho, se lo tomó con buen humor y le dio por reirse de nosotras. Despues, habló con un camarero y ellos se hicieron cargo de llevar todos los paquetes al hotel. Nos prepararon una mesa en la terraza, frente a los muchos y grandes yates, que siempre hay en el puerto y nos tomamos unos aperitivos, mientras nos llegaba la cena. Fue una comida muy variada y con buenos vinos, que duró casi dos horas. Una vez terminada, nos dispusimos a dar un paseo y conocer el elegante ambiente nocturno de Puerto Banus. Entramos a algunos locales, tomábamos alguna copa y nos ibamos a otro y así llegamos al NAVY, nos gustó y nos quedamos. Habia mucha gente elegante, de distintos paises y buena música. Una vez en la mesa y encargadas las bebidas, mi hija se llevó a su padre a la pista, para bailar con él. Yo los observaba, feliz y preocupada. Notaba a mi marido un poco tenso, pero mi hija, que es muy alegre y mimosa, consiguió enseguida que él se centrara en el baile y en ella. El abundante vino de la comida, sin duda, también ayudaba a desinhibirlo bastante. Pronto estaba yo también bailando. Acepté la invitación de un inglés, que me agradó y despues comprobé que bailaba muy bien, cosa que me gustó aún más. Y, como las mujeres, a veces, somos un poco malitas, busqué la manera de excitar a mi marido con celos. Me pegué mucho al ingles y rozaba mi cara con la de él, cosa que mi marido advirtió enseguida y ví cómo él pegaba más su cuerpo a Paloma y también le rozaba su cara a ella. Paloma no perdió esa oportunidad y le pasaba su lengua a su padre por la oreja y sus duras tetas sobre el pecho de él. Como vi que mi estrategia surtía efecto, me dejé besar en la boca por el ingles y yo simulaba entregarme a él. Mi hija se dio cuenta de mi juego y aprovechó la excitación de su padre, para ir pasando su lengua, de la oreja al cuello, a la cara y despues, directamente le plantó su boca sobre la de su padre, que él aceptó, aturdido por la excitación. Mi hija no perdía el tiempo, le pasó los brazos por detrás del cuello de su padre y no aflojaba el beso de lengua que le estaba dando, al mismo tiempo que restregaba su pubis sobre la erección que ya lucía su padre. Yo bailaba muy cerca de ellos y mi hija y yo nos mirábamos con picardía. Con disimulo, pero buscando que mi marido lo viera, bajé mi mano hacia la bragueta del inglés, que la tenía muy abultada y mi hija me imitó, metiendo su mano entre su cuerpo y el de su padre, apoderandose de la erecta polla de él, sobre el pantalón, mientras algo le decía al oido. Veía que mi marido asentía con la cabeza, diciendole sí a lo que ella le decía y volvían a besarse en la boca. Despues supe que ella le estaba pidiendo que le diera esa noche la felicidad, que tanto había deseado, que le hiciera el amor. Y &eacu Cuando llegamos a nuestra habitación, mi marido se vino a mi, me abrazó y me besaba ansioso. Con disimulo, le hice señas a mi hija para que se fuera a su habitación y yo me desnudé y ayudé a mi marido a desnudarse. Lo tumbé en la cama y le atrapé su durísima polla con mi boca, acariciandole los huevos y las nalgas. El, con los ojos cerrados, gemia de placer. Mi hija, ya desnuda, se asomó a la puerta y yo le hice señas para que se acercara. Le cedí la polla de su padre y ella la acarició y besaba el glande, con la admiración de ese momento tan importante para ella, de cumplir uno de sus mayores deseos. A continuación, abrió todo lo que pudo su boca y se tragó toda entera, la tan deseada polla de su padre. Yo acerqué mi cara a la de mi marido y lo besaba y le acariciaba la cara. Ya él era consciente de quién le estaba mamando tan concienzudamente su polla. Le notaba una excitación muy especial, le notaba su tremenda calentura y la emoción que estaba viviendo. Mi hija pronto se subió sobre él y con la lentitud de la emoción de la primera vez, fue bajando su cuerpo e introduciendo centímetro a centímetro la durísima polla de su padre en su caliente y joven coñito. Mi marido seguía con sus ojos cerrados y, al sentir la penetración, empezó a gemir fuerte y me abrazaba y besaba, fuera de si. Estaba viviendo uno de los momentos más emocionantes de su vida, estaba penetrando a su hijita, a su Palomita. Cuando mi hija la tuvo totalmente dentro, se inclinó y yo me aparté un poco, ella queria besar a su padre. Y, mientras lo besaba, repetía…gracias papi, gracias papi, gracias mami…me siento la la hija más feliz del mundo. Mi marido nos abrazó a las dos y nos besaba. Los tres estabamos muy emocionados y nuestra felicidad no tenía palabras, solo besos y mucha ternura. Mi hija se incorporó y con sus manos sobre el pecho de su padre, empezó un sube y baja sensual, gozando esa primera vez, moviendo su cuerpo para sentir mejor y más profunda, la polla de su padre dentro de ella. Mi marido seguía abrazado a mi y empezó a mover su pelvis hacia arriba, buscando el cuerpo de su hija, buscando sentir en su plenitud esas sensaciones que, por primera vez, le estaba regalando su propia hija. Ella empezó a sentir sus primeros orgasmos y se movía agitada, enfebrecida por el mucho placer que su cuerpo recibía de su padre. Movía sus caderas a un lado y otro, para sentir la polla de su padre en cada rincón de su coño. Chillaba y se agitaba enloquecida y, de vez en cuando repetía, gracias papi, gracias mami…qué feliz soy….El cuerpo de mi marido empezó a agitarse más rápido y, con un fuerte estertor, soltó en el interior de su hija, fuertes chorros de su caliente leche. Mi hija, al sentir la corrida de su padre dentro de ella, cayó sobre nosotros, presa de un orgasmo bestial, alucinante, estremecida y con un aaaaahhhhhh interminable. Seguía moviendose sobre la polla de su padre, con espasmos incontrolados y nosotros la abrazamos para tranquilizarla. Poco a poco se fue quedando quieta, serena…nos besaba en silencio, con lágrimas de felicidad. Miré a mi marido a los ojos y lo veia feliz, tremendamente feliz. Lo besé con ternura, con intenso amor y agradecimiento y también besé a mi hija. Me sentía la madre y esposa más feliz del mundo.

Ayudé a levantarse a mi hija y la acompañe al cuarto de baño, para lavarnos. Mi marido se fue a lavarse al otro aseo. Dormimos en la misma cama, mi hija en el centro, acariciada por su padre y por mi.

Cuando desperté, ví a mi hija estirada, sobre su padre, le tenía su cara entre sus manos y no paraba de besarlo. El le acariciaba la cabeza y la espalda. Me acerqué a ellos y nos acariciabamos los tres. Ya eran más de las diez de la mañana y vi, por el ventanal, que lucía un buen sol.

Mientras yo besaba a mi marido. Mi hija se deslizó hacia abajo, buscando acomodarse entre las piernas de mi marido, para hacerle una larga y sensual mamada. Le tomaba la polla a su padre entre sus manos, con mimos, con besitos cortos en el glande y pasaba la punta de su lengua a lo largo del tallo, hasta llegar a sus gordos huevos, que también besaba emocionada. Mi marido se estremecía de placer por el sabio trabajito que le hacía su hijita. Ella, con sus tetas sobre los muslos de su padre, ya tragaba una y otra vez su durísima y palpitante polla, mientras con sus manos acariciaba sus huevos y sus nalgas. Yo, de vez en cuando, apartaba mi cara de la de mi marido y lo miraba a los ojos, para sentir con él, ese momento sublime que estabamos viviendo los tres. Mi marido no podia retener por más tiempo su eyaculación y avisó…ooohhhhh…no puedo más…me vieneeeeee ….. y mi hija tragó más profunda en su garganta la polla de su padre y aceleró sus movimientos de sube y baja, para provocarle una corrida sensacional, quería hacerlo super feliz, queria que su padre se acordara, para siempre, de esa primera mamada que le hacía su hija. Se abrazó fuerte mi marido a mi, con su cara pegada a mi cuello y resoplando, mientras inundaba con su caliente leche la garganta y boca de su hijita del alma. Ella se afanaba porque no se perdiera ni una sola gota, tragaba con glotonería, con deleite y seguía chupando su tesoro. Ese tesoro que tanto tiempo le habia costado conseguir y que ahora se deleitaba con él en su boca y manos. Nos miraba a los dos, con cara de felicidad y cierta picardia.

Mi marido se levantó a lavarse y nosotras nos quedamos abrazadas y besandonos. Despues mi marido nos dijo que se iba a desayunar y que avisaría para que nos subieran a nosotras el desayuno.

Más tarde nos avisó por teléfono, que nos estaba esperando en el puerto. Cuando nos vió, nos hizo señas para que nos acercaramos, había encontrado un barquito que hacia una ruta por la costa, para verla desde el mar. El barco tomó rumbo hacia Málaga, vimos primero Marbella, despues muchas urbanizaciones y playas, Fuengirola y más urbanizaciones y playas, hasta que llegamos a Torremolinos y decidimos no volver en el barco, bajamos allí a visitar el pueblo y más tarde entramos a un restaurante a comer. Era un lugar muy bonito, junto a una antigua torre o atalaya, desde allí se divisaba una playa enorme, ya muy visitada. Tenian una variedad de pescados a cual más apetitoso y encargamos varios de ellos. Como ninguno teniamos que conducir, aprovechamos para acompañar los mariscos y el pescado con abundante y buen vino, que nos puso super chévere. Una vez que pedimos los cafés y copas, mi marido, que habia observado una vitrina climatizada para los habanos, se levantó y escogió dos “Cohiba”, uno para él y otro para mi. Los cigarrillos apenas los pruebo, pero a veces sí me gusta deleitarme con un buen habano, como en esta ocasión. De allí nos fuimos al centro y nos sentamos en una terraza, viendo a la gente tan variopinta que por allí pulula, mientras nos tomábamos unas copas y nos reiamos con nuestros comentarios. Muy ...


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