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El extraño caso Helmet | leyendas.de.terror



El extraño caso Helmet
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El extraño caso Helmet

Tuve que soportar toda clase de insultos desde que decidí encargarme de investigar el caso que expondré en breve. No soy policía, sino un humilde periodista, pero desde el día en que me encargaron la tarea de desvelar los entresijos de la extraordinaria historia que se escondía detrás de un hecho tan insignificante como aterrador, como es el de la muerte de una pequeña niña, quedé cautivado, y no paré hasta descubrir toda la verdad que detrás de aquello había.
Helen Helmet era una pequeña de 6 años cuando todo el mundo aseguró que su padre Bernard la asesinó sin causa aparente. Era un caso extraño que aconteció en el año 1926 en Edimburgo. Bernard se había caracterizado, según los relatos de los vecinos se la época, por ser un hombre de extremada sencillez y que además profesaba un amor casi anormal por la pequeña Helen. También la niña parecía experimentar por el progenitor una proximidad tan cercana, que parecía a todas luces que allí pasaba algo más que un simple asesinato de naturaleza tan desarraigada como muchos querían hacer entender.
El día que me encargué de hacer la investigación de este antiguo caso me di cuenta perfectamente de que los acontecimientos no encajaban y de que muchas personas dejaron escapar muchos detalles de extrema relevancia que no permitieron que la desaparición de la pequeña Helen quedara lo suficientemente clara. Repito que no soy policía, pues a qué policía le interesaría un caso de más de setenta años de historia, pero la investigación llevada a cabo, por el periódico del cual soy redactor me llevó a desvelar una serie de macabros hechos que no podrían pasar desapercibidos para ningún habitante de la tierra.
La niña, Helen Helmet había sido criada por su padre, Bernard de una forma muy especial. Cuando contaba con dos años de edad, su madre Christine falleció de tuberculosis. Desde este hecho, fue cuidada con extremo cariño por el progenitor, que sin ser un hombre adinerado, poseía los suficientes medios para que a la niña con la que tanto esmero cuidaba no le faltara absolutamente nada. Toda la información de la infancia de la niña que recogí en antiguos registros de declaraciones de vecinos de los Helmet en antiguos artículos de periódicos, revelaban la imposibilidad de que algún hecho desencadenara lo que posteriormente pasó a convertirse en una especie de tragedia, y que mis investigaciones ayudaron a dejar entender que no fue tal.
El punto de inflexión se produce el catorce de Septiembre de 1926. Una niña aparece muerta en las proximidades de Edimburgo. Todo el mundo atribuyó el cadáver de aquella pequeña con la niña Helmet, pues el padre también desapareció de forma misteriosa del domicilio familiar, y además el aspecto del cuerpo, a pesar de ser lamentable por su aspecto, respondía bastante bien a los rasgos físicos de la pequeña Helen.
Todo quedó en un caso de asesinato en el cual el padre había huido sin saber muy bien por qué, dejando detrás un pasado plagado de incógnitas. Fue aquí donde empezaron a no encajarme los hechos. ¿Como un padre que supuestamente amaba a su hija había sido capaz de asesinarla y desaparecer de la escena tan repentinamente?
Empecé a investigar y visité la antigua casa Helmet, donde supuestamente se había perpetrado tan desdichado hecho. En primer lugar me sorprendió el hecho de que los vestigios de los supuestos lujos bajo los que vivía esta familia no estaban presentes. Había oído hablar de aquella casa como un lugar donde el gusto por lo exquisito seguía presente aún hoy día, pero sin embargo yo encontré una casi harapienta residencia que no la querría ni para mi peor enemigo. También leí acerca de los caprichos de la pequeña Helen en cuanto a vestiduras se refería, pero el armario se hallaba inundado de desgarradas ropas del más horrible gusto. Todo esto me llevo a investigar más profundamente el asunto.
Busqué familiares próximos generacionalmente hablando, pero no quisieron desvelarme nada, de modo que tuve que acudir a información fría en periódicos de la época. Hablaban de Bernard Helmet como un ser extremadamente sencillo, amante del arte de buen gusto, pero atormentado por la desaparición de su esposa. Aquí empecé a encontrar las claves del problema que pudo pasar, pues viendo antiguas fotografías de la pequeña Helen , pude comprobar el tremendo parecido entre la niña y la madre.
Al mismo tiempo, también me pude enterar de la desaparición en la misma zona de otra niña, que respondía al nombre de Diana Peters. El caso era de mucha complejidad, pero debía desvelar su trasfondo aunque sólo fuera por orgullo propio. También tuve noticia de que la pequeña Helen Helmet sentía debilidad por la figura de su padre, otro dato que me resultó desconcertante.
No quiero extenderme mucho, pues todo lo que explico ha sido ya redactado en periódicos y seguramente usted estará al tanto del resultado final de mis investigaciones.
Perplejo por los resultados obtenidos me fui a uno de los cementerios de Edimburgo, donde se hallaba la lápida de Helen Helmet. Tras muchísimos esfuerzos con la policía escocesa, pude conseguir que lo abrieran y desvelar al mundo mis ideas. Al abrirlo se encontró el cuerpo en huesos de una niña de unos 6 años que tenía señales de una bala en el cráneo, pero según los informes antiguos, la pequeña Helen Helmet había muerto estrangulada. Se hicieron análisis genéticos cuyos resultados me fueron comunicados nueve meses después, y que revelaban que aquel cuerpo no era el de Helen, sino el de la otra pequeña desaparecida, Diana Peters.
Inquieto por esto, seguí investigando. Los entresijos de mi investigación se pueden leer en otros lugares, en este breve relato prefiero ser más breve y directo, para evitar el aburrimiento del lector que desconozca el caso.
Mis pasos me llevaron finalmente a Roda, en Holanda, tras dos años más de búsqueda. Concretamente llegué a una antigua mansión donde sólo vivía ahora una mujer anciana, que se encargaba del mantenimiento de la misma. Hablé con ella y al describirle el asunto que me llevaba allí, y las características físicas y psicológicas de los Helmet (que después de tanta investigación comprenderá que conocía a la perfección), comenzó a temblar. Hablaba en concreto ella que había sido criada hasta hacía 8 años de una mujer y un hombre con las características exactas que le había comentado. Le enseñe fotografías antiguas que poseía de Helen y Bernard Helmet y los reconoció al instante.
Según me dijo ella los conoció bajo el nombre del matrimonio Van Harien. Fue sirvienta de ellos durante 25 años, y me confesó que le pareció desde el principio una extraña pareja por la enorme diferencia de edad notoria entre ambos, y por el extremo y extraño apego que ambos se profesaban. Me dijo que cuando el hombre murió, por vejez natural, la mujer, que era mucho más joven se colgó de un cordel. No quiero entrar en detalles, pero también me narró el momento que llegó a casa de hacer las pertinentes compras y encontró a ambos habitantes en estado cadavérico.
La policía holandesa también me puso trabas para abrir la tumba del matrimonio Van Harien, pero tras dos meses de lucha lo conseguí. La policía científica hizo el resto, los restos de aquel matrimonio tan unido eran Helen y Bernard Helmet. Un síndrome de Electra los unió en vida… y también en la muerte.



Raven


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